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Inmortalidad.

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Inmortalidad.

Mensaje por Khaled el Vie Jul 26, 2013 10:51 pm

Es este el grito del alma ha dejado de hablar, las lágrimas riegan la tierra al llorar.
La sangre se ha vuelto llanto, cruzando la palidez mortal, que dan color a este relato.

De nuevo sucedía aquel extraño misterio. Por los dioses juraría de nuevo, sin entender mucho más que en la primera ocasión, al ver aquel extraño ser que le traía tantos recuerdos y al mismo tiempo era irreconocible, había familiaridad en sus gestos pero no se atrevía a indagar en la turbidez de aquellas aguas mansas, las aguas calmas siempre son las más peligrosas pues ocultan misterios de muerte en su remanso.

—Lealtad hasta el último día de nuestras vidas— Repitió inconscientemente aquel juramento juvenil que le había hecho ¿Ayer? ¿Hace un año? ¿Una vida? Había dejado de importarle el tiempo en algún momento a tal grado que ya ni siquiera era consciente del mismo. Y sin embargo le era frustrante sentirse de aquella forma, sería que vivía suspendido en el cocito ¿Es por eso que no se reconocía? o ¿Habia algo más que no llegaba a comprender? — Iskandar.

El hetario cerró los ojos y preso de un embrujo no los abrió hasta que el aliento cálido empaño sus labios, firmemente apretados en una dura línea, cuando lo hizo se encontró en otro lugar que no recordaba haber visitado jamás. Sus pies descalzos flotaban con un gracioso andar recorriendo un camino desconocido llevado únicamente por aquella atracción desconocida.

Abrió los ojos como platos al verle ahí acostado, permaneció estático velando sus sueños como en antaño, se veía mayor ¿Pero acaso él no lo era también? Bajó la mirada hacia sus manos abiertas con las palmas vueltas hacia el cielo y las encontró demasiado juveniles, faltaban las cicatrices las huellas de la vida. Dio un paso más y acaricio con las puntas de los dedos al león dorado de macedonia, una de las pocas cosas que podía reconocer en aquel lugar.

Le separaba del hombre que más amo menos de medio metro, bastaba con estirar la mano para tocarle. Dudo y cuando finalmente lo hizo su mano tembló antes de posarse sobre la mejilla de su Aquiles en un tierno gesto, su calor penetro la frialdad de su cuerpo. Dejó que su capa escarlatina se deslizara por sobre sus hombros— Iskandar. —Se metió a la cama con él llenándole de dulces besos que terminaban en un murmullo que se parecía a su nombre. Los besos eran demasiado volátiles, como los de un fantasma que se negaba a dejarle. En el ultimo que se posó sobre los carnosos labios del demonio le hablo mientras gruesas lagrimas teñidas de carmín caían de sus hermosas orbes verdes manchando la blancura inmaculada de las sabanas y la almohada— Yo estaré siempre donde tú estés, donde vivas, donde duermas, donde hables, donde ames, donde camines, donde respires, donde existas…Tu amor es mi pacto y mi yugo.

El hetario sonrió cálidamente peinándole los cabellos con los dedos y dejando que el calor de Alejandro le embriagara como en antaño. Se aferraba a él con desesperación de no saberse escuchado, de sentirse perdido e ignorado. Volvió a llamarlo entre sollozos dejando que su sangre le manchara el rostro. — Iskandar. Despierta que Hefestión te llama — Le suplico con un hilo del voz hablándole al oído

Khaled
Shinigami

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Re: Inmortalidad.

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 27, 2013 12:44 am


'El amor no se mide en la cercanía que nos una, sino en su supervivencia pese a la distancia y el tiempo que pueda existir si es lo que el destino nos depara.'

Había ocasiones en que asi como los dias se hacían eternos, los años y el tiempo en si parecían pasar en un abrir y cerrar de ojos. Todo tan deprisa, todo en un instante que no se podía asimilar, o al menos en su caso, era algo que no alcanzaba a concebir.

¿Realmente era verdad lo que decían que la vida podía cambiar en un abrir y cerrar de ojos? Irónico que era que aún pese a que para él habia sido tan breve como eso, aún lo dudaba - o mas bien lo intentaba - porque había cosas que ni el mismo lograba responderse.

Todo lo que habia construido, todo lo que habia soñado, se habia ido de un dia para otro como lo que el viento arrastra a su paso, y se lo lleva para no volver. Más aún, tener que enterarte de lo que habría ocurrido por otros medios que no fuesen palabras de tus propios camaradas, mismos que no habria oportunidad de volver a contemplar...

Ah, la vida definitivamente podía ser realmente cruel algunas veces.

Durmiendo dentro de aquel lugar del cual se había hecho no solo por poder tener la sensación de libertad que tanto valoró siempre, los dias al menos parecían ser mas calmos y las noches parecían arrullarle con aquella tranquilidad que en sus mejores días le habian acompañado, siendo confortante considerando que aún le costaba adaptarse del todo a los cambios que toda la civlización habia sufrido.

¿Qué mas hacer cuando todo era tan distinto? Explorar el medio y seguir de frente, no podía haber mas.

Además, no era como si fuese la primera vez que tenia una gran pérdida en su vida, no. Ni siqueira era las mas grande. Aquella persona, no... aquella parte de su alma que habia muerto tiempo atrás y que con su partida, se había llevado la mitad de su vida, y su cordura completa. ¿Cómo superar o sobreponerse al hecho de tener que desprenderse de lo mas amado? ¿Como sobrellevar la ira y el dolor ante el hecho de que ni todo el poder ni toda su gloria pudieron devolverle aquello que mas quiso y mas deseó?

Ni siquiera las palabras podrían describirlo. Ni todo el amor que habría sentido, ni todo el dolor que habria experimentado por aquella pérdida, pero ciertamente lo sabía y había sido consciente, algo muy grande habia muerto dentro de él desde aquel día, y había perdido la cabeza de una forma que aún si se lo hubieran dicho, no lo habria creido jamás.

Mas aun, por qué no decirlo; aquel vacío se no habia llenado en aquel entonces, y no habría forma que pudiese llenarse jamás, por que era algo irremplazable, algo único y especial que estaba seguro ningún libro de los antiguos filósofos podrían encontrar palabras acertadas para poder describirlo. La pérdida de aquel que fuese su único y gran amor, su Patroclo, su camarada, su amigo, su confidente, aquel que le había seguido aún en el exilio y el destierro, y que le hubiera seguido hasta el fin del mundo si se lo hubiese pedido.

Y es que aún habia noches en que parecía oirlo, sentirlo, escucharlo, incluso olerlo... casi se sentía poder tocarlo... aquella piel que muchas probó y logró acariciar y que pese al tiempo, aun recordaba de forma vívida, como si no hubiese sido hace tanto que hubiese ocurrido.

Aquella voz que tantas veces le había llamado, fuese durante aquellos momentos en que mas que nunca se aseguraba le pertenecía o que simplemente estaba alli para despertarle cada mañana. Aquella que tantas veces había velado su sueño y que había dias, aún le parecía poder escucharla de forma tan real y tan clara, que podía provocarle escalofrios únicos y agradables, únicamente para despertar y darse cuenta que unicamente se trataba de un sueño, con aquello, alimentar aquel vacío que habia dejado.

Nada podría comparse con esa que consideraba la peor de sus batallas y una que sabía no ganaría ni superaría jamas.

Iskandar.

Por supuesto, no era la primera vez que soñaba aquello. Aquel peso, aquella forma tan particular de llamarle, aquella necesidad inyectada en su voz de la cual culpaba unicamente a su misma necesidad entrañable de querer verle mas que a nada ni nadie. Aquella forma que su suboconsciente creaba para intentar darse un alivio que no sería posible de volver a sentir jamás y aunque temporal, únicamente lograba acrecentar aquella pérdida que seguía sufriendo. Y que estaba seguro asi pasase una eternidad, no dejaria de doler jamás.

Sin embargo esta vez, la voz no se detuvo ni el par de sonidos que dejaba salir entre aquellas palabras, mientras la cálida sensación de algo cayendole el rostro parecieron aún alcanzarle entre sueños, frunciendo con ligereza discreta cuando por si aquello no fuese suficiente notó el aroma metálico inconfundible alcanzarle la el olfato, se removió de forma suave sintiendo a su vez ciert peso encima, no marcado ni incómodo pero ciertamente uno que no solía estar ahi cada vez que despertaba como era usual.

Abriendo los ojos de forma suave y aún pese a la oscuridad cubriendo el lugar sintiendo la vista tardar en ajustarse lo suficiente como para percibir detalles, la luz natural de la luna le dejó ser mas consciente no solo a través del tacto sino ademas esta vez de su visión con respecto de aquel cuerpo encima suyo que le llamaba una y otra vez si bien en una voz que ciertamente no reconocía, le resultaba familiar mas en el modo y la forma.

Aquel suave vaiven de atenciones que sus dedos hacian en su cabellera ahora deshecha y en consecuencia cayendole de distintas formas se hizo notar, y si bien la reacción natural que hubiera podido tener - no solo al notar aquella invasión a su privacidad por un perfecto extraño sino ademas encontrarle sobre de si y provocando cierto contacto- hubiera sido la de buscar cualquier forma de apartarle y mas aún echarle, aun cuando aquel gesto parecía como el de un niño pequeño buscando ser notado, algo habia dentro de aquello que desde un comienzo, le hizo permanecer inmóvil unos momentos, no fue hasta que sus oidos se percataron de aquella última frase saliendo de sus labios que finalmente retuvo la respiración al escuchar aquel nombre.

¿Era esta alguna clase nueva de ilusión o falacia que su propia mente le jugaba en un intento nuevo por arrastrarle a la demencia? Claro, habia escuchado todo lo que se habia rumorado despues de que la muerte de su amado Patrocolo habiese ocurrido, sobre como muchos le veian en un estado de perdición tremendo que dudaban de su juicio o de si aquello era realmente ya con intenciones de conquistar nuevas tierras y no solo una forma de lidiar con lo ocurrido. Lo sabía y no no era para menos que lo hubiesen creido, su prueba estaba ahi mismo y se trataba del hecho de que aún ahora, podía imaginar jovenes haciendose pasar por aquel que durante tantos años habia tenido la fortuna de gozar de su compañia, tolerar sus locuras y aun hasta el último momento, de haber podido sentir su amor.

Soltando aire de forma suave en un suspiro con el que no pretendia alterarle, aún cuando fue precavido al notar nuevamente aquel aroma metálico al no saber que lo provocaba pero si sintiendolo provenir de aquel que a juzgar por lo poco que podía ver se trataba de un rubio natural, entrecerró la mano con cierta delicadeza mientras sin encender ningun tipo de luz o tratar de iluminar aquello, llevaba una de las enormes pero a su modo delicadas manos a posarla sobre la espalda del mismo, aprovechando la posición y confiando no solo en su intución sino en el hecho de que si su intención era no despertarle, no habria mantenido aquel contacto en cuantro le hubiese sentido moverse y justo ahora hubiese optado por salir corriendo. Y si era franco, tenia muchas preguntas mas que le resultaban mas imporantes a esas alturas...

- ...De tantos lugares y sitios, aún después de tantos años... vienes y logras encontrarme en un lugar desolado a los pies de las grandes montañas que rodean este lugar... vienes a mi clamando aquel nombre que tanto mi corazón como mi mente y mi cuerpo anhelaban y aun siguen anhelando poder escuchar y pronunciar mas que otra cosa en este mundo... dime, ¿por qué estas llorando..?-

Con aquellas palabras se mantuvo aún en su misma posición mientras un par de nubes cubrieron la iluminación que el astro carente de luz propia dejaba ver, dejando que las orbes rojizas del demonio brillasen cual rubies, mismos puestos sobre la figura contraria de cuyo rostro le era desconocido por no poder verlo no solo por la posición, sino por ahora la oscuridad en la que se habian sumergidos, pudiendo apreciarse en aquel momento de silencio el ritmo de la respiración de ambos aunque ignorando si aquella que con mas fuerza clamaba aire era la de su 'acompañante' o incluso la propia.

Bastaba siquiera poder imaginar su rostro o incluso volver a pensar en su nombre para sentir su pasividad comenzar a quebrantarse a pasos agigantados, porque aún cuando su mente habia sido la autora de aquellas incontables estrategias y batallas que le habian llevado a conquistar terrenos amplios y vastos, el único donde sitio donde no habria podido dominar habria sido su corazón, el cual habria entregado tiempo atrás al responsable de que en esos momentos, se encontrase deseando que por cualquier medio, aquello que habia escuchado fuese verdad.

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Re: Inmortalidad.

Mensaje por Khaled el Sáb Jul 27, 2013 11:30 pm

La gente cree que el destino es como un río que fluye en una sola dirección. Pero yo le he visto la cara al tiempo y es como un océano en la tormenta.


Dejó de respirar al sentir el cálido roce de piel contra piel, no respiraba, no se movía apenas y parecía vivo. En esos momentos no fue más que una muñeca de porcelana que se movía al antojo de los sentidos. La muerte había conquistado cada milímetro de su ser y solo la voz de su amante rompió el encanto, sus labios dejaron su palidez y sus ojos opacos se llenaron de vitalidad.

El eco de sus palabras choco contra la neblina del silencio que envolvía la habitación, Hefestión se hundía cada vez más en esa tibieza, en el rencuentro de dos almas castigadas duramente que al fin tenían un poco de paz al encontrarse.

Levanto una mano y le acaricio el rostro bajando suavemente por el pecho descubrieron, igual que un ciego, con horror y asombro como había heridas donde no conseguía recordar que las hubiese pero sobre todo constato que él había cambiado en algún punto ¿Quién era la sombra que se proyectaba sobre aquellos pasos? Iskandar o él mismo, entrecerró los ojos intentando recordar pero ningún candado cedió.

—¿Ha pasado el tiempo acaso? ¿Un año, un día o una hora? No te distingo del joven que en Mieza que retaba a Aristóteles, no puedo asociar aquel que me hablaba con tanta pasión de lo que Jenofonte decía sobre los cascos de los caballos— Le basta cerrar los ojos para recordar las incesantes charlas sobre la crianza y el buen manejo de los caballos, en especial recordó el día que su amigo logro domar al poderoso Bucéfalo por sobre su padre y los favoritos de aquel. Sus pensamientos y recuerdos se entremezclaban tan caóticamente que en un parpadeo era niño y al siguiente un hombre. No hay principio ni fin todo es adimencional—busco al joven primerizo quien no dudo en nuestro primer encuentro. No los veo porque todos son uno, son pequeños ríos que convergen en un fuerte brazo, todos son uno, todos son tú.

El joven capitán había dejado de temblar y el único rastro de sus lágrimas eran aquellos surcos que ensuciaban su pálida piel. Se sintió culpable al saber que aquellas lagrimas eran de dolor, a los dioses no les gusta que los hombres sienta pena por sí mismos y los castigan duramente pero las lágrimas mitigan el dolor del alma y el dolor que habitaba en su interior era tan inmenso que llorando solo lograría subir las aguas del Egeo. Dejo escapar un pesado suspiro antes de continuar.

—Y yo ¿Sigo siendo también Iskandar?— Aquellas palabras se habían desprendido de sus labios como gotas de miel amarga al sentirse olvidado pero más que cualquier otra cosa perdido incluso entre aquellos fuertes brazos que tantas noches atrás lo sostuvieron cuando su ser desfallecía, de la muerte a la resurrección.— Mi dolor es grande, te escucho, te siento, intento ir en pos de tu llamado pero la oscuridad me consume y solo el frio me acompaña. Deja de escuchar al viento y escucha mi voz.

Tomo una de las manos de su rey y le beso con delicadeza los nudillos, sin soltarla apoyo su cabeza sobre esta sonriéndole con cariño como lo hacía en antaño cuando intentaba sosegar el espíritu indomable que habitaba en su interior. Sus cuerpos como sus almas, aunque hubiesen cambiado hasta la última fibra su esencia, aquel núcleo que había entrelazado sus destinos era tan fuerte que seguía llamándolos. Eran dos planetas en rumbo de colisión. El sol y la luna.

—¿Sabes dónde estoy? Mi entierro fue prematuro— Aquella última frase dejaba un aroma antiguo en el aire, sin saber dentro de su propia incoherencia si se refería a su muerte o su estado actual e incluso a su yo que habitaba en los pensamientos del joven rey Macedonio.—Y mi prisión no tiene ventanas, no sé cómo salir ni como entrar, a veces me veo y no puedo reconocerme.

Cada vez con más frecuencia le sucedía que no se sentía como él pero se miraba, en algún espejo roto, un papel luminoso o incluso en un charco de agua y aquella sensación de saberse familiar, del llegar a pensar que tanto el reflejo como él era uno mismo se hacía más fuerte aunque no entendiese como sería posible que algo así pudiera suceder. Cuando aquello sucedía se distanciaba de las personas que le rodeaba, podía notar que no había extrañeza en sus miradas, ellos le trataban como si fuese uno más cuando él se sentía como una larva invasora, una bestia que había matado a su víctima y robado su piel.

En un arranque de ira y molestia, justo como esos que solía tener cuando era más joven y se sentía tan inseguro que debía de reafirmarse no solo así mismo su posición sino también, en cierto sentido morboso, a los demás quienes eran ellos y que lo que compartía con Alejandro era mucho más profundo que una simple relación de amistad ideal; tomó sus labios en un posesivo beso que demandaba al inicio para después someterse lentamente a los caprichos de su rey.

La respiración del hetario, al separarse del pelirrojo, era pesada pero sonreía porque a diferencia de los otros besos robados aquel le había hecho sentir vivo. Sus labios seguían entreabiertos y sus rostros tan cerca que podía verle mucho mejor, Hephaistion restregó su mejilla contra la barba pelirroja de su amante añorando su cercanía, no podía ni quería mantenerse lejos ahora que le había encontrado.

—Mi divino Aquiles ¿Dónde has estado? ¿Es que no me reconoces? ¿No escuchas cuando te llamo? ¿o es que mi voz se ha perdido?— Sus ojos azul verdoso volvían a denotar cierta melancolía y pasividad. Se alejó ligeramente de él queriendo verle a la cara- aunque fuese poco lo que podría ver aquella distancia- cuando le respondiera— Te hice un juramento, contigo hasta la muerte pero me dejaste solo en el exilio ¿Fue mentira lo que prometiste?

Khaled
Shinigami

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Re: Inmortalidad.

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